De esta nos sacan los insensatos


Esta frase, sin la interrogación me la dijo hace unas semanas un amigo y socio.

Aduce que los conservadores, los que analizan los riesgos, no son los que pueden romper las barreras autoimpuestas.

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Síndrome de abstinencia


Hoy estaba escuchando la radio en un devenir de un sitio para otro, y se me ha ocurrido que no estamos en crisis, que lo que tenemos es síndrome de abstinencia.

El drogadicto se inicia en una situación favorable al consumo, socialmente empujado, coste unitario asequible, huida de su realidad…. y antes de que se de cuenta está enganchado, siempre con frases del “yo controlo” “Lo dejo cuando quiera”… obtiene satisfacciones efímeras, cada vez menos placer y solo está en la necesidad de cubrir su adicción a algo que ni necesitaba ni le aporta nada.

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mis abuelos fueron unos ninja de esos


El señor de cara amable y explicaciones que todos entendemos que atiende al nombre de Leopoldo Abadia,  nos explicó lo que era un NINJA, (no Income, no Job or Assets).

Pues mis abuelos fueron unos ninja de esos, resulta que tras la maldita Guerra civil y la construcción del pantano del ebro en el valle, se quedaron con poco (más bien nada), con una compensación de terrenos mala, una indemnización peor, y encima como eran “rojos” (porque les saquearon los nacionales, que podía haber sido al revés perfectamente), murieron hermanos, otros emigraron a Francia (a luchar contra los nazis), todos sufrieron mucho.

Lo interesantes es ¿qué hicieron los buenos de Bernardo y Nunci con hija muy pequeña?

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De Caín y Abel a Cántabro A y Cántabro B


Existen verdades absolutas y realidades aparentemente inmutables. Una de ellas es (cito a un monologista llamado vaquero :-)) “si cuando te acuestas te pica el culo, al dia siguiente te huele mal un dedo”, otra, la que me ocupa, es la Cántabra “soy capaz de perder un duro con tal de que ese no gane cuatro pelas”.

Esta frase se la oí por primera vez a un Conservero de nuestra región, las circunstancias en las que la pronunció no son relevantes para lo que quiero compartir, es el trasfondo lo que me parece delirante.

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nada pasa, todo queda, nada cambia, todo permanece…?


Me desayuno con la lectura obligada de la actualidad desde varios puntos de vista (para ver si entre todos atisbo la realidad), es un ejercicio cada día más duro y casi nunca agradable.

Inevitablemente mi subconsciente va formando la “idea del día”… la de hoy es la de que en este nuestro país, puedes hacer lo que quieras, la máxima bajeza, robar al erario público, mentir, irte de copas y otras cosas con el dinero de los demás… Y NO PASA NADA.

Alguien puede decir, si que pasa hombre, mira los juicios, los ceses… no, perdón, no pasa nada.

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Gilipollas no lleva tilde


Estos días me están pasando cosas que me hacen pensar. Cosas relativas a lo que es la lealtad y la honorabilidad.

Yo no es que sea muy mayor, pero tengo algún año a cuestas y, como todos mis contemporáneos o mayores, creo que he visto de casi todo aunque la condición humana no deja de sorprender por el nivel de mediocridad moral general.

El otro día me pasaron vía facebook una frase que me gusta bastante: “gilipollas no lleva tilde pero se acentúa con el tiempo”.

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Relato breve de Pérez Reverte


Me lo enviaron por correo

Llueve a ratos, y Madrid está frío y desapacible. Pasan paraguas al otro lado del escaparate de la librería de mi amigo Antonio Méndez, el librero de la calle Mayor. Estamos allí de charla, fumando un pitillo rodeados de libros mientras Alberto, el empleado flaco, alto y tranquilo, que no ha leído una novela mía en su vida ni piensa hacerlo -«ni falta que me hace», suele gruñirme el cabrón- ordena las últimas novedades. En ésas entra un chico joven con una mochila a la espalda, y se queda un poco aparte, el aire tímido, esperando a que Antonio y yo hagamos una pausa en la conversación. Al fin, en voz muy baja, le pregunta a Antonio si puede dejarle un currículum. Claro, responde el librero. Déjamelo. Y entonces el chico saca de la mochila un mazo de folios, cada uno con su foto de carné grapada, y le entrega uno. Muchas gracias, murmura, con la misma timidez de antes. Si alguna vez tiene trabajo para mí, empieza a decir. Luego se calla. Sonríe un poco, lo mete todo de nuevo en la mochila y sale a la calle, bajo la lluvia. Antonio me mira, grave. Vienen por docenas, dice. Chicos y chicas jóvenes. Cada uno con su currículum. Y no puedes imaginarte de qué nivel. Licenciados en esto y aquello, cursos en el extranjero, idiomas. Y ya ves. Hay que joderse.

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Carta de un funcionario


Resulta que en la década prodigiosa del pelotazo, cuando media España se lo llevaba caliente a casa, cuando un encofrador sin estudios se embolsaba tres mil euros, cuando hasta el último garrulo montaba una constructora y en connivencia con un par de concejales se forraba sin cuento, cuando un gañán que no sabía levantar tres ladrillos a derechas se paseaba en Audi, los funcionarios aguantaban y penaban. Nadie se acordaba de ellos. Eran los parias, los que hacían números para cuadrar su hipoteca, hacer la compra en el Carrefour y llegar a fin de mes, porque un nutrido grupo de compatriotas se estaba haciendo de oro inflando el globo de la economía hasta llegar a lo que ahora hemos llegado.

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El vendedor de fragancias


El grancanario Fermín Ortiz, vendedor de fragancias de Margaret Astor, visiblemente nervioso, cogió su móvil N70 de Nokia y marcó el número de la Policía Nacional. Al otro lado de la línea una voz ronca contestó: “091, Policía Nacional al habla. Dígame en que podemos ayudarle”.

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El Tótem de la verdad


   Tras leer una entrevista y el reportaje de la prensa local que se hacía a la presidenta de la Asociación de la Memoria Histórica, habíá que  elaborar un retrato psicológico y físico de la citada señora,descubriendo los 11 cadáveres, encontrados en un pozo, asesinados durante la guerra civil española (Jesús Gutiérrez)